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viernes, 20 de julio de 2018

Actividades de Riesgo.

Actividades de Riesgo
Alzando el vuelo sobre el océano

Puede que la veas mejor si haces clic sobre la foto y luego pulsas F11.



En la elaboración de este proyecto de ley se ha considerado la necesidad de preservar de todo riesgo a la cada vez más escasa población activa, rentabilizando al máximo la inversión del Estado en la formación de los jóvenes. Por ello, habida cuenta del atractivo que supone para el hombre la exposición innecesaria a los peligros más diversos, se regularán este tipo de actividades, especialmente las lúdicas, de modo que las prácticas de riesgo solo se permitirán dentro de una escala en la que exista una relación directamente proporcional entre edad y riesgo asumible. De este modo, en la niñez, adolescencia y primera juventud la tolerancia será cero y ésta irá creciendo hasta llegar a la tercera edad en la que habrá libertad total.

Al fin y al cabo, señorías, los «adultos mayores» han sido sobradamente «rentabilizados» por la sociedad a la que ya poco valor aportan y, si caen por acantilados de más de cien metros, pongo por caso, tampoco pierden gran cosa en lo personal. ¡Total, para lo que les queda!

A su vez, de forma indirecta, esta futura ley supondrá una nada desdeñable aportación al sostenimiento del Fondo de Pensiones toda vez que los impulsos domeñados durante toda la juventud y edad adulta se desatarán al llegar a la jubilación. Eso sí, señorías, hemos de asumir que la tasa de mortalidad por accidentes en la tercera edad crecerá de forma exponencial por lo que la esperanza de vida para nuestro país sufrirá un ligero descenso en las estadísticas.


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Texto tomado de: «Han ser contos».
Atribuido a: Miguel Arcángel de Vallejera y de Riofrío.



José Luis Rodríguez - Pavo Real .

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lunes, 16 de julio de 2018

Música para «Mare Ignotum».


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Cuentan —a mi me lo dijo la señora Antonia— que hace ya mucho tiempo hubo un muchacho al que todos conocían por «Aduardo el gaiteiro» que venía siendo pariente lejano de la tía Aurora, la de Fieito do Monte, que es una aldea que queda en tierras de Valadouro allá por Lugo. Sí hombre, usted tiene que conocerlos, ella tenía una hermana que casó con uno de los Ramuíndes que era tratante de ganado.

Siendo ya mozo se apuntó a una romería que organizó el alcalde —era año de elecciones, sabe usted— y de ese modo conoció el cabo Finisterre. Quedó tan impresionado que abandonó casa, estudios y trabajo para instalarse en lo más alto del cabo y allí, frente al océano Atlántico, pasaba las horas y los días  con la vista clavada en el horizonte interpretando su música, convencido de que las notas de su gaita atravesarían la mar y más pronto o más tarde, desde tierras desconocidas, serían respondidas por otro gaitero como él.

Poco a poco las algas y la sal fueron cubriendo su cuerpo que se transformó en duro granito; de ahí la roca llamada «a pedra do gaiteiro» que se encuentra a la izquierda según mira usted para «Nova Iorque». Dicen que en las noches de niebla el ronco pétreo de su gaita retumba con una fuerza inusitada capaz de helar la sangre en las venas de los más valientes y hay quienes afirman que cuando sopla el viento del oeste se escuchan los apagados ecos de una quena que desde el otro lado del océano intenta seguir el ritmo de una muiñeira.


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Texto tomado de: «Han ser contos».
Atribuido a: Miguel Arcángel de Vallejera y de Riofrío.




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lunes, 9 de julio de 2018

Renacimiento en el Camino

Nosa Señora das Areas, Fisterra (A Coruña)
Nosa Señora das Areas, Fisterra (A Coruña)

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¿Cuánto tiempo llevaba caminando? El paso y el recuento de los días se había ido borrando en su memoria y ahora, a punto de iniciar el ascenso al mítico Finisterre, Roncesvalles no era más que un desvaído y lejano recuerdo.

Aquella, la de Nosa Señora das Areas, allí donde se acaba la Tierra, era la última de esas iglesias que nuestros ancestros habían levantado para Dios pero hechas por el hombre a la  hechura y a la medida del hombre, impregnadas de esas sabias matemáticas y geometrías nacidas del píe, el codo, la cuarta, la pulgada y la vara del maestro.

Sentada allí en un rincón, junto a las tumbas centenarias, tuvo conciencia de cómo, poco a poco, el Camino había tomado posesión de ella. A lo largo de los días pudo mirar en su interior y la soledad del peregrino le reveló la importancia del ser, haciendo inútil cualquier intento del parecer; la civilización del espectáculo había muerto, al menos para ella.

Invadida por una infinita sensación de paz, se vio a sí misma renaciendo física y espiritualmente. Había vencido, había superado la prueba y ahora formaba parte de los elegidos. Al atardecer subirá hasta lo más alto del cabo y, en la noche, se despojará de todo lo viejo que arderá en la hoguera. Luego, purificada y bañada por la luz de la luna y las estrellas, vestirá la túnica blanca de lino que con tanto esmero confeccionó en su otra vida y que ha sido su compañera de Camino y de iniciación.


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Texto tomado de: «Guía de Viajes Reales y Soñados».
Atribuido a: Miguel Arcángel de Vallejera y de Riofrío.



Vivaldi - Gloria (fragmento).
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martes, 3 de julio de 2018

Monsieur La Tour.


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Hace unos meses les presentaba a Branca Alba La Tour, «a meiga do sorriso feiticeiro». Ahora he tenido la ocasión de fotografiar a monsieur La Tour y, ni corto ni perezoso, recorrí cien kilómetros para hacerlo en el mismo lugar. Una vez allí no me di cuenta del reflejo en las gafas. ¡Seré gafe!; no, más bien despistado.

¿La música? La música, ya lo se, no viene al caso y nada tiene que ver con la fotografía. Sencillamente hoy, mientras como cada mañana controlaba mi tensión arterial —sigue estando alta—, me he acordado de Ornella Vanoni y...

En cualquier caso, qué recuerdos más raros tiene uno a veces. ¿En qué pliegue perdido de mi memoria estaría escondida la amiga Ornella?



Ornella Vanoni - L'Appuntamento.

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