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lunes, 27 de febrero de 2017

Las danzas del desierto - II

Reserva Nacional de Paracas -Desierto- Pisco (Perú)
Reserva Nacional de Paracas -Desierto- Pisco (Perú)



Reserva Nacional de Paracas -Desierto- Pisco (Perú)
Reserva Nacional de Paracas -Desierto- Pisco (Perú)



Reserva Nacional de Paracas -Desierto- Pisco (Perú)
Reserva Nacional de Paracas -Desierto- Pisco (Perú)

Puede que la veas mejor si haces clic sobre la foto y luego pulsas F11.



Bajo un sol de mediodía en el que la luz hiere los ojos y los pies pisan su propia sombra, nos detuvimos atónitos a contemplar la inmensidad. Fueron instantes de silencio, de espacio sin tiempo, de luz cegadora, que precedieron a esa sensación de danza en la que todos los elementos, incluidas nuestras propias células, giran y giran acompasadamente al ritmo de la creación.

Yo mismo, que soy un mal bailarín, me sorprendí siguiendo los compases de la rumba final de "Les Chants Magnétiques" mientras, con toda claridad, escuchaba la voz de William Anders, uno de los héroes de mi juventud, recitando las primeras palabras del Génesis desde el espacio infinito.


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Texto tomado de: «Guía de Viajes Reales y Soñados».
Atribuido a: Miguel Arcángel de Vallejera y de Riofrío.



Mike Oldfield - In the beginning & Let there be light.



"In the beginning God created the heaven and the earth.
And the earth was without form, and void;
and darkness was upon the face of the deep.
And the Spirit of God moved upon the face of the waters.
And God said,
Let there be light
and there was light.
And God saw the light,
that it was good..."


Este texto fue recitado por William Anders, piloto del módulo lunar Apolo VIII, al entrar por primera vez en la órbita de nuestro satélite el día de Navidad de 1968, yo tenía entonces 18 años recién cumplidos y la afición a este arte ya había hecho presa en mi. Como es bien sabido, estas palabras son el inicio del Libro del Génesis y, de algún modo, el mandato divino "hágase la luz" es, al menos para mi, el origen de la fotografía.




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Todas las imágenes que aparecen en este blog son propiedad exclusiva de su autor y están protegidas por la legislación española y los acuerdos internacionales sobre los derechos de la propiedad intelectual y, por tanto, no pueden ser descargadas, reproducidas y/o modificadas sin el consentimiento expreso y por escrito del autor. En caso de estar interesado/a en alguna de ellas, ponte en contacto.



Si te reconoces en alguna fotografía y no deseas aparecer aquí, dímelo y estudiaré su retirada a la mayor brevedad posible.

jueves, 23 de febrero de 2017

Las danzas del desierto.

Desierto de Paracas, Pisco - Perú
Desierto de Paracas, Pisco - Perú



Desierto de Paracas, Pisco - Perú
Desierto de Paracas, Pisco - Perú

Puede que la veas mejor si haces clic sobre la foto y luego pulsas F11.



Cuanto más blanco, limpio y puro es el mantel, más destaca sobre él la mancha del vino tinto por pequeña que ésta sea.

Se había adelantado buscando un horizonte más allá de la tierra roja y seca y, cuando alcanzó la cumbre, no encontró más que la extensión azul del océano. Durante un instante la llamada de los lobos marinos desde el fondo del acantilado pareció un canto melodioso, abrió los brazos como un arcángel sus alas y estuvo a punto de ir a su encuentro. Fue en ese momento cuando las paracas comenzaron a girar y se sumó a su ritmo adentrándose en el desierto. Envuelto en el polvo rojo alguien lo siguió, luego otro y otro hasta que todos bailaron al son del viento y de la arena. Así, transformados en espirales espíritus, volaron sobre cerros y llanuras hasta llegar a la playa Lagunillas donde el desierto, en una enorme nausea de asco carmesí, los arrojó al fangal de contaminación y mierda en que la avaricia humana en forma de casetas con pretensiones de restaurantes y bajo el disfraz de aldea de pescadores está convirtiendo lo que debiera ser una reserva intangible. El olor característico de los detritus fecales del "bípedo implume" los trajo a la realidad, enrojecieron de vergüenza ajena y creyeron entender por qué el desierto de Paracas tiene ese color. Pero se equivocaban, el rojo de Paracas no es de vergüenza, es de ira.



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Texto tomado de: «Guía de Viajes Reales y Soñados».
Atribuido a: Miguel Arcángel de Vallejera y de Riofrío.



Jean Michel Jarre - Equinoxe, parte VIII.




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lunes, 20 de febrero de 2017

The Last Rumba

Desierto de Paracas, Perú
Desierto de Paracas, Perú

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A Icelia.

Por alguna razón al contemplar la escena han acudido a mi mente  —aún consciente, supongo, puesto que me percibo a mi mismo como ser― las palabras "The Last Rumba". Tengo el recuerdo lejano de una música, pero sólo alcanzo a sentir que hubo un tiempo en que, pese a su nombre, me sonaba esperanzadora.

Está claro; han logrado cruzar un desierto donde nunca llueve, donde el polvo y la arena ocultan la sal, y se sienten jóvenes y felices porque al píe del acantilado, aún lejos, acaban de ver agua.

Yo, que soy un viejo —eso que eufemística o sarcásticamente han dado en llamar "adulto mayor"— saco mi cámara de su funda y me dispongo a bailar con ella mi "Última Rumba". Se que nunca conseguiré llegar a pie hasta la orilla y, aunque lo hiciese, ya he reconocido a la mar océana, esa mar que con su corriente helada de Humboldt es precisamente la madre de todos los desiertos de estas tierras.

Me quedaré aquí, bailando, sin "guay-fay" ni cobertura, atrapado por el rigor, la belleza y el magnetismo de un paisaje inaprensible incluso para mi vieja Nikon. Al fin y al cabo no necesito más; me acompaña el amor de mi vida que justo en este momento me da la mano y se une a esa acompasada danza. Las paracas nos rodean y acunan con sus torbellinos de arena roja. Tan solo interfiere ese molesto ruido, brom-brom, que se abre paso en la lejanía; vienen a rescatarnos, pero... ¿Por qué?


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NOTA: Paracas, palabra derivada del quechua que literalmente significa "lluvia de arena". Se denomina así a los fuertes vientos que al atardecer se desatan en la zona del mismo nombre y que arrastran arena del desierto y con frecuencia forman torbellinos.



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Texto tomado de: «Guía de Viajes Reales y Soñados».
Atribuido a: Miguel Arcángel de Vallejera y de Riofrío.



Jean Michel Jarre y la Orquesta Filarmónica de la Ciudad de Praga - The Last Rumba (Les Chants Magnétiques parte V).




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martes, 14 de febrero de 2017

Anochecer en Playa Arica.


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En estas latitudes la noche y el amanecer se producen con extraordinaria rapìdez y siempre me había llamado la atención el hecho de que, sin atender a la belleza de esas cortas pero intensas puestas de sol y al bálsamo del aire fresco de la vecina noche, las gentes del lugar abandonasen con premura los arenales a los primeros síntomas del ocaso.

Mi curiosidad se vio satisfecha el día que Adalberto Genaro me habló del Thapachaki, un ser grande como un oso, de torpes andares, que con sus enormes píes peludos es capaz de aplastar a una familia entera en uno de sus descuidados pisotones.

El Thapachaki vive en unas cuevas cercanas a Pachacámac y, tan pronto oscurece, sale a recorrer las playas de la zona en busca de los zapatos que, al confundirlos con barcas, le arrebató la mar mientras se bañaba en Playa Arica.

Dice Adalberto que sólo sale de noche porque siente vergüenza de que las jovencitas vean las largas guedejas de pelo negro que crecen entre los dedos de sus pies.



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Texto tomado de: «Han ser contos».
Atribuido a: Miguel Arcángel de Vallejera y de Riofrío.



Los Relámpagos - Nit de Llampecs.




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