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jueves, 19 de abril de 2018

Las ventajas de la jubilación.

Grevillea Juniperina
Grevillea Juniperina

Puede que la veas mejor si haces clic sobre la foto y luego pulsas F11.


Reconozco que no acabo de entender a mis compañeros jubilados protestando en las calles por las escasas subidas de sus pensiones en lugar de aprovechar las ventajas que de ello se derivan.

Éste es un tema complejo y que merecería un debate profundo que incorporase aspectos que nadie menciona tales como son las bases y periodos de cotización o de no cotización, según los casos, y al que, mientras sigamos con un sistema de reparto o de solidaridad intergeneracional, si ustedes quieren darle un nombre rimbombante, no va a darle solución ni la izquierda, ni la derecha ni los medio pensionistas.

La gente se queja de todo y nunca busca los aspectos positivos. Lo cierto es que, para mi, la subida del 0.25 por ciento supone una oportunidad de oro que no pienso desaprovechar para iniciarme en el arte de la pintura de brocha gorda y en el no menos noble arte de la carpintería. 

Sí, no se extrañe usted. Consciente del hecho de que, con o sin aumento, la pensión no me alcanza para pagar profesionales, me pongo a la tarea yo mismo. Como la obra afecta al cuarto donde trabajo, mucho me temo que durante una semana voy a tener muy difícil la presencia en las redes. Ya me los imagino pensando: «¡Uff, menos mal, por fin unos días sin aguantar al "pesao" de Miguel!».

Por cierto, ¿qué les parece el blanco algodón para las paredes?

Los dejo con flores y música. Hasta pronto.



Los Secretos - Agárrate a mi María (acústico).
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lunes, 16 de abril de 2018

Rincones

Palanganero.
Palanganero.

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Como es habitual en estos casos, los hechos no sucedieron de repente. Todo comenzó una mañana soleada del mes de abril en la que, al levantarse, se dirigió al palanganero y echó en falta el aguamanil. Buscó y rebuscó por toda la casa y puso el alpendre patas arriba pero el esbelto aguamanil, a juego con la jofaina, nunca más apareció.

Con todo, mucho peor fue aquel día de mayo en el que la imagen de la amada, grabada en el espejo a fuerza de años y único aliento que le quedaba para comenzar sus días, acabó por disolverse en un proceso de lento deterioro. Esa misma tarde, al regresar de la partida de mus en la taberna de Anselmo, ya no encontró la alcoba. Sí, la puerta estaba allí, pero tras ella sólo había niebla.

Asustado durmió hecho un ovillo en un rincón de la cocina hasta que, de amanecida, vinieron a buscarlo. Mientras intentaban subirlo a un vehículo extraño lleno de luces y sirenas alcanzó a observar como unas enormes máquinas derribaban su casa y unos obreros con monos de colores levantaban un cartel que decía «Jardines del Comendador, Urbanización de Lujo». Lo llevaron a la residencia pública asistida para adultos mayores dependientes, nombre aséptico con el que en su municipio denominaban al almacén de viejos decrépitos, y allí lo depositaron previa firma del recibo de entrega.

¿Sufrió mucho? No, en absoluto. Con el reflejo de la amada, el aguamanil y la alcoba también desapareció su memoria y, ausente toda conciencia de sí mismo y de su historia, permaneció allí, hierático, con la mirada perdida, hasta que las malvas comenzaron a crecer en sus zapatos. 

---oOo---


Texto tomado de: «Han ser Contos».
Atribuido a: Miguel Arcángel de Vallejera y de Riofrío.



Claude Debussy - Claro de Luna.
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viernes, 13 de abril de 2018

Ver y mirar o «El Taller de Sastrería»

El Taller de Sastrería
El Taller de Sastrería

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Ahí estaba yo reflexionando sobre el célebre proverbio «ver la paja en ojo ajeno y no la viga en el nuestro», cuyo remoto origen lo encontramos en la pregunta que se hace San Mateo en su evangelio: «¿Y por qué miras la paja que está en el ojo de tu hermano, y no echas de ver la viga que está en tu propio ojo?» y que tiene a su vez un referente más próximo en Miguel de Cervantes: «El que vee [sic] la mota en el ojo ajeno, vea la viga en el suyo (El Quijote II 43)»,  cuando, por esas cosas de los ojos, caí en la cuenta de dos hechos muy significativos.

El primero, la gran diferencia que existe entre ver y mirar, verbos que en modo alguno son sinónimos. Ver ser refiere a una capacidad física que, salvo a los ciegos, nos permite percibir nuestro entorno a través de los ojos mediante la acción de la luz. Mirar requiere fijar la vista con atención en algo; así pues es el resultado de un acto consciente y deliberado de observación. Puede afirmarse sin lugar a dudas que vemos todo lo que miramos, pero no miramos todo lo que vemos. Por eso, porque ver vemos todos menos los ciegos, creo yo que los buenos fotógrafos —algo de lo que estoy muy lejos— se diferencian del resto, entre los que me incluyo, en que han aprendido a mirar. ¡Tendré que ponerme a ello!

El segundo hecho es la facilidad congénita que tenemos quienes compartimos nuestra cultura hispánica para la sastrería. Nos encanta «cortar trajes»(1) o, lo que es igual, nos vuelve locos «mirar» al prójimo para, con sorna o abiertamente, reírnos de lo que percibimos en él como distinto y criticarlo a sus espaldas; nunca de frente, eso sí, no vaya a ser el diablo que se dé cuenta y se enoje. ¿No se lo creen? Bueno, estàn ustedes en todo su derecho a ser descreídos.


---oOo---


Texto tomado de: «Reflexiones de un Tarado».
Atribuido a: Miguel Arcángel de Vallejera y de Riofrío.


(1) «Cortar un traje», expresión popular que equivale a criticar.



Jorge Sepúlveda - Mirando al Mar.
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martes, 10 de abril de 2018

Islas Ballestas (IV y final).- Las Ballestas, Béjar y Mateo Hernández.

Pingüino.- Escultura en talla directa de Mateo Hernández.
Pingüino.- Escultura en talla directa de Mateo Hernández.



Otaria/o (Lobo Marino). Escultura en talla directa de Mateo Hernández.
Otaria (Lobo Marino). Escultura en talla directa de Mateo Hernández.

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Se preguntarán ustedes ¿qué tendrán que ver las Islas Ballestas con la ciudad de Béjar y con Mateo Hernández? Es más, si usted lee esto desde España, como buen español que sin duda es, se estará preguntando ¿quién coños será ese tal Mateo Hernández?.

A la primera de las preguntas he de responder: Nada, no tienen nada que ver. Por lo que yo se, que no es mucho, las Islas Ballestas están en Perú a miles de kilómetros (todo un continente y un océano de por medio) de Béjar, una pequeñísima ciudad, casi un pueblito, de la provincia de Salamanca en España y nunca he tenido referencia alguna de que Mateo Hernández visitase el Perú y mucho menos las mencionadas islas. No obstante, resulta imposible ser o sentirse bejarano y no establecer algún tipo de correlación cuando a bordo de una barquita, poco más que un cascarón, navegas al bojeo aquellos salvajes peñones en medio del Pacífico.

¿Quién era Mateo Hernández?. Tal y como yo lo veo, puede que no el más famoso, pero sí el más grande y auténtico de los escultores españoles, digno de codearse con la élite mundial de todos los tiempos en el olimpo de la escultura. Picapedrero de origen, siempre practicó la talle directa con pulido manual y sus obras adornaron desde los salones del Barón Rothschild a las salas del Metropolitan de New York. Gran Premio de Escultura en la Exposición Internacional de Artes Decorativas celebrada en París en  1925, la República Francesa, mientras en España y en su pueblo era un perfecto desconocido, se rendía ante él y premiaba su trabajo otorgándole en 1930 nada más y nada menos que la Legión de Honor.

Nacido en Béjar (Salamanca), una parte importante de su obra se conserva en un museo de dicha ciudad. Un pequeño museo, siempre vacío (ni siquiera sus paisanos lo visitan), ante el cual y para vergüenza de todos quienes hemos nacido en aquellas tierras nunca hay colas para entrar. El Museo de Mateo Hernández, en cualquier otro lugar del mundo, sería sin duda alguna un destino obligado de peregrinación cultural ante cuya escalinata de acceso se aglomerarían cientos de visitantes ansiosos de poder entrar y disfrutar de las maravillas que atesora.

Para terminar, les dejo aquí dos muestras que ponen de manifiesto que Mateo Hernández, si no estuvo en las Ballestas, al menos las soñó.

Y, sí, el señor que aparece al fondo en la primera fotografía es un profesor del Perú que sabe quién es Mateo Hernández y, además, conoce las Islas Ballestas y la ciudad de Béjar.


NOTA: Para quienes no hayan visto las entradas anteriores de esta serie, aclarar que las Islas Ballestas, situadas en el Pacífico frente a la costa peruana, cuentan con una importante población de pingüinos y de lobos marinos solo superados en belleza por aquellos que salieron de la maza y el cincel de Mateo Hernández.


Mike Oldfield and Bonnie Tyler - Islands.
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