viernes, 15 de marzo de 2019

Extinción masiva (Absténganse personas sensibles; la bofetada puede ser brutal).

Pingüino de Humboldt (Spheniscus humboldti) muerto y rodeado de caparazones de Muy Muy.
Pingüino de Humboldt (Spheniscus humboldti) muerto y rodeado de caparazones de Muy Muy.



Muy Muy (Emerita analoga). Ejemplares muertos sobre la arena.
Muy Muy (Emerita analoga). Ejemplares muertos sobre la arena.

Puede que la veas mejor si haces clic sobre la foto y luego pulsas F11.


—Amigo Adalberto, vengo de la playa y estoy desolado. Hay una gran mortandad de Muy Muy, miles de ellos, y, cuando estaba pensando que han desaparecido los centenares de aves que nos recreaban con sus vuelos rasantes sobre la arena y las olas, voy y me encuentro con el cadáver de un Pingüino de Humboldt. ¿Qué estará pasando?

—Lo que pasa, señor Arcángel, es sencillamente que la mar se muere. Ya ve usted, de mis veinticinco hijos, el último hace ya siete años que lo parió el Pacífico y, desde entonces, no he vuelto a ver ni el más mínimo síntoma de preñez en las olas.

—Adalberto, todos hablamos de que hay que hacer algo, pero no hacemos nada. ¿Habrá algún remedio?

—Sí, mi querido amigo, sí. ¡La extinción masiva!.

—Tienes razón. Muerto el perro, se acabó la rabia.

Aquel mismo día logramos convencer al vigésimo quinto hijo de Adalberto Rosauro, el que con cinco años había alcanzado el Premio Nobel por haber logrado conciliar la teoría cuántica de recurrencias con la teoría de las cuerdas, para que se pusiera a trabajar en el tema. Lo que más nos costó fue hacerle entender que la extinción debía ser masiva, no total, salvo en el hombre del que no debería perdurar ni tan siquiera el recuerdo. Conociendo al chaval, la solución final está cerca. Yo, por si acaso, ya he puesto mi alma en paz con el Sumo Hacedor del Universo.


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Texto tomado de: «Han ser contos».
Atribuido a: Miguel Arcángel de Vallejera y de Riofrío.



Marcha Fúnebre - Chopin.
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lunes, 11 de marzo de 2019

Playa Arica, la paleta del pintor.

Playa Arica, la paleta del pintor.
Playa Arica, la paleta del pintor.

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Como te contaba en una ocasión, Adalberto Rosauro llegó a ser conocido hace ya muchos años en los círculos artísticos del surrealismo del absurdo pero, desde que se retiró a Playa Arica, nunca más ha vuelto a pintar un cuadro, al menos que se sepa, y pasa todo su tiempo dedicado al cuidado de sus veinticinco hijos de la mar, a pasear por la playa o, simplemente, sentado en el malecón con la vista perdida en el horizonte de este océano tan raro en el que las ballenas navegan en superficie y son islas de dura piedra y arena.

No se le conocen muchas amistades, salvo Elisenda Regina, la tendera a la que él llama "caserita" pero que otros conocen como "la del hermoso poto" y un fotógrafo blancón que viene de vez en cuando y al que todos llaman "el gringo o el español colorao"; deben entenderse bien porque en ocasiones se ha visto a los tres paseando a la vera de la mar en animada charla.

Los ojos de Adalberto se han vuelto viejos y grises de tanto mirar al océano; por eso me ha sorprendido su paleta de pintor que, junto a un desvencijado caballete lleno de telarañas, he visto hoy en un rincón de su portal al pasar por delante de su casa. 


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Texto tomado de: «Han ser contos».
Atribuido a: Miguel Arcángel de Vallejera y de Riofrío.



Sueño de amor - Franz Liszt.
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martes, 5 de marzo de 2019

Sujeto de derecho.


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Elisenda Regina estaba de mal humor. El español "colorao" se había dejado ver nuevamente por Playa Arica y al pasar junto a su puerta no sólo no alabó su hermoso poto, envidia de la Card Asian y fruto de duras sesiones de maderoterapia para levantar los glúteos (aunque mirarlo lo había mirado con gran avidez, que ella tonta no era), sino que, tras el saludo de rigor, le había dicho:

—¡Querida Elisenda, así que ahora no se pueden aparcar perros delante de tu puerta! Al menos eso es lo que dice la señal.

Ella, refunfuñando, tan pronto como él desapareció camino del malecón preparó y pegó un añadido que decía "Prohibido que orinen animales".  Estaba contemplando su obra cuando Adalberto Rosauro, que venía acompañado por sus veinticuatro hijos abogados, todos ellos vistiendo la toga negra, y el pequeño ingeniero que con siete añitos era ya premio Nobel de física, se detuvo a saludarla. Uno de ellos, miembro de la judicatura sin duda alguna, dijo en plan docto:

—Sólo la persona humana, bien sea física o jurídica, es sujeto de Derecho. Por tanto, sólo a ella y no a los perros pueden serle imputados derechos y obligaciones.

Elisenda iba a "carajearlo" pero, al sentir la manita del ingeniero, que con disimulo trataba de explorar la curvatura de su universo, sonrió con complicidad y se metió en la casa. ¡Al fin alguien, nada menos que todo un doctor, apreciaba el resultado de sus esfuerzos!

Dos horas más tarde el "colorao", ya de regreso, toco la puerta.

—Veamos Elisenda, que yo me entere, los vegetales y los minerales ¿pueden orinar?

El grito ya estaba en la garganta, camino de su boca, cuando escucho un susurro lleno de complicidad que decía:

—Elisenda, hija mía, lo tuyo no es poto, es potestad ¡Quién tuviera veinte años!

Y así fue como el que parecía iba a ser el peor de los días para Elisenda Regina se fue transformando, sin saber cómo, en uno de los más felices de su vida. Doce sesiones de duro y doloroso trabajo habían dado al fin fruto y su poto era ya un potosí.

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Texto tomado de: «Han ser contos».
Atribuido a: Miguel Arcángel de Vallejera y de Riofrío.


NOTA del autor de este blog: Ni yo soy feminista, ni Elisenda Regina es machista; así que todas las culpas al Miguel Arcángel ese de Vallejera y de Riofrío, al Adalberto Rosauro que no controla bien los instintos de su hijo el prémio Nobel y al "español colorao" que no tengo ni idea de quién pueda ser.


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jueves, 28 de febrero de 2019

Instante analógico - conversacional en "off" o la vacuidad del smartphone (V).

Conversación analógica.
Conversación analógica.

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Queridos amigos:

Espero que al recibo de la presente se encuentren bien. Yo bien, gracias a Dios.

El hecho de que la proximidad y el mirarse directamente a los ojos no provoque agresividad, sino que, por el contrario, genere confianza y favorezca la comunicación hace que estas sociedades no precisen estar enviando selfis continuamente; lo que las hace menos vulnerables al narcisismo y, según algunos indicios, más cooperativas.

He detectado, no sin asombro, que han convertido en actividades públicas algunas de sus necesidades más privadas e íntimas, como las de alimentación e hidratación interna, que han sido convertidas en actos sociales que incentivan la comunicación oral entre ellos hasta  límites insospechados. 

En resumidas cuentas, amigos míos, hasta el momento todo parece indicar que nuestra prepotencia de "homo sapiens smartphoniensis" nos ha llevado a infravalorar muchos de los aspectos culturales de nuestro antecesor, el "homo sapiens sapiens".

Me despido por hoy. Reciban un afectuoso saludo de éste, su amigo, que lo es.

Miguel Arcángel de Vallejera y de Riofrío.


NOTA: Esta serie, hasta el momento, cuenta con las siguientes entradas:

Instante analógico - conversacional en "off" o la vacuidad del smartphone.
Instante analógico - conversacional en "off" o la vacuidad del smartphone (II).
Instante analógico - conversacional en "off" o la vacuidad del smartphone (III).
Instante analógico - conversacional en "off" o la vacuidad del smartphone (IV).
Instante analógico - conversacional en "off" o la vacuidad del smartphone (V).



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